Google+ Aislado en este planeta: Uber y el paraguas

sábado, 9 de diciembre de 2017

Uber y el paraguas

Las "guerras del taxi"

Jonas Hanway, un inglés cuya vida trascurrió durante el siglo XVII, fue un comerciante, viajero, escritor, filántropo, editor y varios oficios más, que hicieron de el un personaje destacado de la sociedad londinense. 

A este hombre se le atribuye una historia que fue la que le hizo realmente famoso. Uno de sus destinos laborales fue Persia y viviendo allí, observó la comitiva de un príncipe al que protegían del sol con una extraña estructura en forma de toldo.

Su instinto comercial le hizo ver que allí había negocio si lograba fabricar aquel ingenio de forma económica y ponerlo al alcance de las clases populares. Quedó muy trastornado cuando trató de venderlos y se encontró con una protesta inmediata, pues no se había dado cuenta de que los paraguas eran un símbolo oriental de realeza y poder y no podían ser utilizados por otras gentes. Dicen que aquel error comprometió seriamente su presencia en el país y al poco tiempo lo abandonó poniendo rumbo a Inglaterra.


Pero Jonas Hanway era un hombre práctico y al llegar a Londres en 1750, pensó que su invento también podía servir para protegerse de la lluvia inglesa, así que en días húmedos comenzó a salir a la calle portando su invento que había fabricado con una tela montada sobre unas varillas de madera. En aquella sociedad estirada y conservadora su conducta encontró una gran hostilidad pues el paraguas se consideraba un signo de debilidad incompatible con la hombría de un caballero y solo admitido como sombrilla de señoritas de clase alta, de modo que el ridículo estaba garantizado.

También tuvo que hacer frente a la oposición de los transportistas de sillas y carruajes ya que, si triunfaba el invento, muchos clientes preferirían pasear sin mojarse antes que pagar por el viaje y los días de lluvia dejarían de ser un chollo para los cocheros. En una ocasión, un coche de alquiler trató de atropellarlo y entonces Hanway descubrió un nuevo uso para su artilugio ya que le sirvió como bastón para darle una paliza al taxista. 

A pesar de la oposición inicial, Hanway fue perseverante y poco a poco la gente fue adoptando el invento, cambiando los hábitos sociales y de paso la forma de moverse por la ciudad. Para 1786, el año de la muerte de Hanway, el paraguas ya estaba bastante extendido por toda Inglaterra.

En las últimas semanas, la batalla entre las asociaciones de taxistas y las plataformas como Uber o Cabify, no han hecho sino recrudecerse y la "huelga indefinida" del sector parece estar cada vez más cerca. Es decir, un debate tan crucial como la movilidad urbana está bloqueado esperando una resolución que no acaba de llegar. ¡qué tiempos aquellos en los que el principal enemigo de los taxistas era un paraguas!


Los cocheros londinenses tuvieron claro desde el principio que aquel maldito paraguas amenazaba todo su modelo de negocio y eso mismo está ocurriendo en la actualidad. Primero fueron los abucheos y las burlas al paraguas de Hanway, después intentaron sobornarle con viajes gratis para que abandonara su artilugio y cuando todo esto falló, apareció la violencia en forma de piedras y basura a su paso. Pero aquella agresión coordinada contra el intrépido Hanway no dio resultado y el paraguas acabó por imponerse. 

Volviendo a la actualidad, ¿que podemos pensar que ocurrirá en la "guerra del taxi"?. Basta con observar la evolución del mercado secundario de licencias para ver quién se postula como ganador de este pulso. Mientras que las licencias VTC han pasado de precios simbólicos a cotizarse en 40.000 euros, las licencias de taxi que costaban 200.000 euros, ya están por debajo de 140.000. Además nuevas amenazas aparecen en el horizonte con las compañías de carsharing, como Car2Go, Emov, Avancar y otras que incluyen coches y también motos. Después vendrán las bicicletas urbanas donde se acerca una gran ofensiva china.


Todas estas empresas se inscriben dentro de la llamada "economía colaborativa". O, mejor dicho, de las compañías que se apoyan en modelos colaborativos que prestan servicios con ánimo de lucro. Se trata de servicios de alquiler descentralizado donde el usuario utiliza una aplicación de teléfono inteligente para localizar el coche más cercano y desbloquear la puerta desde la propia aplicación o con una tarjeta de socio. El alquiler se hace punto a punto y solo se paga por los minutos usados.

Esta muy claro que no hay alternativa ni apenas argumentos legales. Las nuevas tecnologías entran arrollando así que solo cabe defenderse para intentar perder por la mínima.

1 comentario:

  1. Muy ilustrativo el artículo. Desconocía la procedencia del paraguas y muestra perfecta de cómo nos cuesta a la sociedad los cambios por buenos que sean.
    Gracias

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