Google+ Aislado en este planeta: Relojes

jueves, 4 de enero de 2018

Relojes

Mi relación con la relojería viene de antiguo. En la década de los 50, en aquella España escasa, tener un reloj no estaba al alcance de cualquiera. Yo tendría unos 10 años cuando ya llevaba uno más grande que mi muñeca. Aquella máquina andaba a ratos y llegó a mi poder de una forma pintoresca. Un tío mío, especialmente dotado para los negocios, cambió a un "vivillo" que se encontró en la calle San Nicolás, un Longines de oro por dos relojes suizos, automáticos y de "gran calidad" y dos plumas estilográficas Parker, recién importadas de los EE.UU. 

Reloj de sol. Catedral de Chartres
Aquella operación resultó un dramático fiasco cuando mi tío descubrió que los relojes se paraban y las plumas manchaban el bolsillo del traje. Le sorprendí una tarde, en pleno cabreo, machacando un reloj con unos alicates y se disponía a acabar con el otro cuando intervine yo pidiéndole que porfa, no lo rompiera, que a mí me hacía ilusión. Se detuvo a tiempo y me largó el reloj con la promesa de que no se lo enseñara jamás.

Así comenzó mi afición por aquellos artilugios que se vio reforzada en cuanto me pude comprar una máquina más fiable. Después, los relojes siempre han sido santo de mi devoción y se cuentan por docenas los que he tenido, reparado, comprado, coleccionado, regalado y destrozado, de varios tamaños y formatos.

Esas máquinas ingeniosas siempre despertaron mi curiosidad, sobre todo, por cómo se idearon y se desarrollaron a lo largo de la historia. Me interesan como inventos mecánicos capaces de medir el tiempo con precisión, es decir, los que se desarrollaron en el período que va del siglo XIV a mediados del siglo XX. Antes de esa época, la medida del tiempo se referenciaba a fenómenos y movimientos naturales como la observación de los astros, el reloj de arena, la caída del agua o una varilla indicando la hora con su sombra. Por el lado reciente, en el siglo pasado aparecieron los relojes eléctricos de muy alta precisión, pero cuyo funcionamiento no produce la fascinación de una máquina que parece estar viva, pues se mueve y también canta.

Reloj astronómico de Praga
Es curioso pensar que hasta el siglo XVI no se consideran los conceptos de minuto y segundo. Solo eran abstracciones imposibles de medir. Son los grandes viajes marítimos los que obligan a afinar en la medida del tiempo para que las mediciones astronómicas realizadas con precisión horaria, dieran como resultado el desplazamiento de la nave y por tanto su posición.

Los primeros relojes mecánicos, que datan de finales del siglo XIII, se colocaron en las fachadas de torres y edificios y estaban movidos por pesas que descendían lentamente haciendo girar un eje que terminaba en una aguja señaladora y pronto incorporaron campanas para divulgar la hora. Su precisión era muy mala y necesitaban continuas correcciones. El primer intento de regular el descenso de las pesas se hizo mediante una rueda dentada que avanzaba un paso a cada oscilación de una pieza llamada balancín. Este dispositivo es el escape que produce el característico tic-tac. Es fundamental, aun hoy en día, para regular por pasos la caída de las pesas o la tensión de un resorte y se le conoce principalmente como escape de áncora por su forma que recuerda un ancla.

Anchor escapement animation 217x328pxLa rueda de escape y el regulador de balancín fueron utilizadas hasta que Galileo Galilei en 1636, dio a conocer su famoso estudio del movimiento del péndulo que establece que el periodo de oscilación es independiente de la amplitud y de la masa, es decir que un péndulo tarda siempre el mismo tiempo en completar un movimiento. Este principio aplicado a un reloj es definitivo pues se consigue que cada paso de la rueda se suelte con la misma frecuencia y esto se llama precisiónLa variación de velocidad de un péndulo depende únicamente de su longitud. Regulando ésta, se consigue que el reloj avance más o menos deprisa. Cuando la velocidad se ajusta a un reloj patrón, es cuando se ha conseguido exactitud.

Basado en los estudios de Galileo, Christian Huygens diseñó y patentó el primer reloj de péndulo en 1656. Este reloj era el más exacto construido hasta ese momento, con un error de sólo 5 minutos al día. El reloj le permitió desarrollar importantes trabajos de navegación y de astronomía, que era su verdadera profesión. Desde entonces el reloj comenzó a popularizarse y las casas acomodadas se interesaron en disponer del nuevo invento en sus paredes y sobre los muebles. Así tienen su origen las primeras manufacturas relojeras de Centroeuropa. 

Después todo fue evolución. Se redujeron los tamaños hasta llevar el reloj al bolsillo y posteriormente a la muñeca. Se introdujeron resortes en vez de pesas, se mejoraron los materiales y los diseños. Se inventaron nuevos mecanismos y se fueron incorporando nuevas funciones como el calendario, las fases lunares y la sonería. 

El reloj para uso individual aparece en el siglo XVII como un objeto caprichoso reservado a personas de alta nobleza y fortuna. Además de su utilidad práctica se convierten de inmediato en objetos de ornamento y ostentación tanto para hombres, en formato de bolsillo, como para mujeres, en forma de colgante.

Reloj-joya

Mucho más tarde, ya en el siglo XX, aparece el reloj de pulsera y son las mujeres las primeras en utilizarlo. Los hombres mantienen la costumbre del reloj de bolsillo hasta que comienza a utilizarse en ciertas profesiones como la aviación. Destacan en sus inicios el reloj de pulsera que Louis Cartier desarrolló en 1904 para el aviador Santos-Dumont y los modelos de Rolex, que pronto gozaron de gran prestigio, a los que se añadió el cronómetro y años después una caja impermeable.

La alta relojería, con mecanismos sofisticados y funciones especiales conocidas como "complicaciones" así como una fabricación artesana, marcan la diferencia de los productos de lujo. Además, suelen añadir ornamentos, metales y pedrería para alcanzar la categoría de joyas con precios astronómicos. Por otro lado, la relojería industrial ha alcanzado altas cotas de calidad a precios competitivos. 

Calibre Omega 9301
Un reloj se construye en base a un calibre o maquinaria estándar que puede ser mecánica o electrónica. Los relojes de cuarzo ganan en la batalla de la precisión y del precio, pero los calibres mecánicos, a pesar de su desventaja en precisión, siguen usándose porque hay cierto romanticismo asociado a la magia de su mecanismo e indican un mejor estatus de quien los usa porque su precio es superior, lo que los hace más exclusivos. Hay miles de calibres estándar en el mercado que se fabrican en un proceso industrial. Podemos encontrar un mismo calibre montado en diferentes cajas dando como resultado relojes de muy distinto precio.

El reloj hoy en día es un instrumento muy superado en su función de dar la hora, pero ha ganado en reputación y prestigio como elemento de decoración, símbolo social, objeto codiciado o rareza de coleccionista y curiosamente, mantiene muy bien sus precios en el mercado.



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