Google+ Aislado en este planeta: Invasiones vikingas

sábado, 3 de febrero de 2018

Invasiones vikingas

Dentro de la historia europea, uno de los pueblos más activos durante la Alta Edad Media, fueron los vikingos, una serie de tribus nórdicas que se dieron a conocer por todo el continente europeo mediante una sucesión de violentas expediciones navales en busca de botines y, por otro lado, porque fueron los primeros comerciantes del norte, a gran escala.

Representación de un "drakkar" vikingo

El conocimiento que tenemos de aquellos pueblos nos ha llegado principalmente a través del cine y las series de televisión, pero esto es únicamente un cliché que solo refleja superficialmente la realidad sobre su historia, su vida y sus costumbres. El periodo histórico en que los vikingos mantuvieron su actividad, se centra entre los años 789 al 1170 en los que se produjeron sus viajes y con ellos, los movimientos de población de aquellas tribus o clanes, para buscar mejoras en su forma de vida.

Los pueblos más importantes que se conocen como vikingos son los daneses, suecos y noruegos. Hacia finales del siglo VIII comienzan sus incursiones marítimas aprovechando la bonanza del verano para buscar fortuna, llegando primero a las costas de Islandia y de Groenlandia y después, al resto de Europa. Fue la época de las expediciones vikingas, que recorrerían el Atlántico hasta América, y el Mediterráneo hasta Sicilia, creando y destruyendo dinastías reales en unos cuantos reinos europeos.

Las tierras escandinavas siempre han sido lugares inhóspitos en las que los cultivos son difíciles y las condiciones orográficas impiden las comunicaciones terrestres por lo que sus habitantes debieron desarrollar la construcción de naves y las técnicas de navegación. De todos modos, no tenemos constancia directa de su cultura porque apenas hay documentos que la refrenden. Las pruebas documentales que existen son narraciones de origen cristiano o musulmán.


Figura de un vikingo ilustrando un relato musulmán

Entre sus logros destaca el drakkar, el barco por excelencia de los vikingos. Era una embarcación ligera y rápida que, gracias a su escaso calado, les permitía remontar los grandes ríos europeos y atacar a las poblaciones de sus orillas que pensaban estar a salvo de ataques piratas. Su actividad era una mezcla de saqueo, comercio y también asentamiento, buscando relacionarse con la población autóctona. Seguramente en una época temprana, lo que empujó a los vikingos al mar, fue el hambre en un tiempo de desastrosas cosechas, pero más tarde, a la vista del éxito, convirtieron la necesidad en oficio.

Así es como llegaron, en el año 793, a la costa noreste de Inglaterra donde comenzaron a escribir su sangrienta historia. Aunque fueron recibidos como mercaderes, asesinaron a los enviados reales y después saquearon el monasterio de Lindisfarne, próximo a la costa, donde asesinaron a la mayoría de monjes, llevándose al resto como esclavos junto con el botín logrado en el saqueo.

Ruinas del monasterio de Lindisfarne

A partir de aquella fecha, los vikingos expanden sus expediciones por la fachada atlántica de Europa, llegando pronto a las costas francesas, atacando en verano y pasando el invierno en Escandinavia. Saquearon numerosos monasterios donde era fácil obtener un botín sustancioso y también crearon asentamientos permanentes a lo largo de la costa. Los monarcas franceses negociaron torpemente para evitar a cualquier precio, ser atacados. Esto llevó a Carlos III de Francia, "el Simple" a pactar con uno de los jefes vikingos, Hrolf Ganger, la cesión de una zona que, con el tiempo, se convertiría en el ducado de Normandía. A cambio, le dio palabra de vasallaje al rey de Francia y de conversión al cristianismo dejando de ser de este modo, una amenaza para la Corona. Así nació una dinastía que más tarde lograría la conquista de Inglaterra a manos de Guillermo I, el rey normando.

El siguiente objetivo vikingo fue la península ibérica. Se menciona su presencia por vez primera en el año 844, cuando fue avistada desde las costas asturianas una flota de unas 60 naves que llegaron a desembarcar cerca de Gijón. Hay constancia de que sufrieron una grave derrota en La Coruña a manos de Ramiro I de Asturias, lo que los empujó a navegar hacia el sur. La flota vikinga atacó las ciudades de Lisboa, Cádiz y Sevilla, que estaban bajo el dominio del Emirato de Córdoba. También saquearon Algeciras, Orihuela, las islas Baleares y numerosos puertos menores, dejando siempre un reguero de sangre y fuego. Aquella oleada vikinga estableció su base en la Camarga, al Sur de Francia, desde donde también saquearon Arlés y Nimes. 

La expansión de los vikingos

Hay una razonable certeza de que en el año 859 los vikingos atacaron Pamplona, matando a la mitad de sus habitantes y tomando prisionero al rey García Íñiguez, al que liberaron tras el pago de un importante rescate de 90.000 dinares de oro. Lo que no está claro es por donde llegaron. Por un lado, pudieron remontar el río Ebro desde su desembocadura y después el río Arga, pero parece un poco descabellada esta teoría debido a la gran distancia y a que las crónicas de la época no registran el paso de una flota tan importante por ciudades como Zaragoza y Tudela. Hay otra teoría que supone un ataque por tierra desde la costa cantábrica, ya que hay constancia de asentamientos vikingos en Bayona, en Mundaka y en Irún. Posiblemente a través del Bidasoa y siguiendo después la calzada romana que atravesaba el puerto, pudieran llegar a Pamplona.

Las expediciones vikingas a la Península fueron continuas a lo largo de dos siglos. Las localidades más afectadas fueron las grandes ciudades como Sevilla que sufrió varios ataques y también derrotó en varias escaramuzas a la flota vikinga. Santiago de Compostela fue atacada en las cuatro campañas que asolaron Galicia, aunque en varias ocasiones los nórdicos sufrieron importantes derrotas. También Lisboa fue víctima obligada en diversas expediciones, alguna de las cuales asoló las orillas del Duero, muchos kilómetros tierra adentro. 

Todos los puertos costeros y las localidades del interior accesibles a través de los ríos, fueron objetivo de aquellos codiciosos normandos, excelentes navegantes, gentes extrañas, paganos feroces y crueles ladrones que llegaron hasta nosotros con sus flotas navales. Sin embargo, quizás debido a su dificultad para desenvolverse en tierra, apenas dejaron asentamientos permanentes en la península ibérica.

Representación de un "drakkar" en el Tapiz de Bayeux

Las incursiones vikingas fueron cesando paulatinamente en parte debido a su conversión al cristianismo, que implicó el abandono de sus pasadas creencias paganas y valores guerreros. Escandinavia se dividió en varios reinos y los nuevos monarcas tuvieron suficiente con gobernar sus territorios. Por otro lado los asentamientos vikingos en Rusia, Francia y Gran Bretaña se fueron disolviendo entre la población local. Los normandos fueron muy activos en las Cruzadas y alcanzaron el trono en el reino de Jerusalén, Inglaterra, Sicilia, Nápoles, y del Imperio Latino de Constantinopla. También eran descendientes vikingos quienes  fundaron el primer reino ruso en Kiev.

Durante más de tres siglos fueron los hijos del trueno que atacaron en la tormenta y desaparecieron en la niebla, dejando un rastro sangriento pero también cultural, imborrable en la historia de Europa.

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