Google+ Aislado en este planeta: Megaproyectos chinos

martes, 13 de febrero de 2018

Megaproyectos chinos

China está actualmente en medio de una orgía de construcción sin precedentes en la historia de la humanidad. En el transcurso de solo 40 años, los chinos están cubriendo con una capa de infraestructuras de tal importancia a su milenario país, que superará todo lo que los Estados Unidos han construido a lo largo de su historia. La celebración del XIX Congreso del Partido Comunista de China, ocurrida en el pasado mes de octubre, ha servido para definir el pensamiento político y consolidar los megaproyectos en curso que llevarán a China al futuro.

Urbanismo

El gigante asiático, según ha declarado recientemente el presidente chino, Xi Jinping, quiere hacer de su capital, Beijing (Pekín), la ciudad más grande del mundo, al fusionar tres provincias, Beijing, Tianjin y la provincia de Hebei, en una megalópolis continua de 130 millones de personas, asomada al mar de Bohai. Es la nueva región de Jing-Jin-Ji, un sueño que comenzó en los 80 y que ahora puede convertirse en realidad. Tendrá una superficie de 215.000 km², algo menos de media España. Los chinos quieren experimentar aquí, un modelo para la futura urbanización de China, de modo que dotarán a la megaciudad de redes de comunicaciones avanzadas, nuevas líneas de tren y metro de alta velocidad, y mejores autopistas. El enfoque de Beijing será prioritario hacia la cultura y la tecnología con una visión a largo plazo, y para ello, el núcleo administrativo del Gobierno saldrá del corazón de la Ciudad Imperial y se limitará la población de la capital a su tamaño actual.


En China están claramente diferenciadas tres áreas principales de desarrollo económico: el delta del río de la Perla, (provincia de Canton, Hong-Kong, Guangzhou, Shenzhen, Macao…), donde ya se ha llegado a establecer de hecho, una megaciudad de 42 millones de habitantes. En segundo lugar está el delta del río Yangtsé. (Shanghái, Nankín y una veintena de grandes ciudades) y por último, la zona que circunda al mar de Bohai, con Beijing a la cabeza, que es la que ahora se trata de potenciar.

Agua

El proyecto de Jing-Jin-Ji va a necesitar ingentes cantidades de un recurso vital para la vida: el agua. Actualmente ya es un bien escaso en las áridas regiones del norte y será fundamental en el futuro. Para resolver ese problema, los chinos, con otro proyecto titánico que recuerda a la presa de las Tres Gargantas, están dispuestos a mover 45 mil millones de metros cúbicos de agua dulce cada año, desde la cuenca hídrica del río Yangtsé hacia las regiones del norte, mediante una red de más de 3.000 kilómetros de túneles y canales, que pasarán por debajo de otros ríos, atravesarán montañas, y se extenderán por las planicies del norte.




Se han diseñado tres rutas paralelas para trasladar esta insólita cantidad de agua: La oriental se apoya en el Gran Canal, una red de vías de agua fundamentales en la historia de China, cuya construcción se inició en el año 486 a.C., y que se extiende desde la ciudad de Hangzhou hasta Pekín. La línea completa tendrá 23 estaciones de bombeo y 1.152 kilómetros de longitud, pasando incluso por debajo del río Amarillo en su camino desde el río Yangtsé hasta Tianjin. El conducto central, de 1.264 kilómetros, discurre desde el río Han, un afluente del Yangtsé, hasta Pekín y ya está en funcionamiento. La primera fase de esta ruta, implicó el reasentamiento de 400.000 personas y se completó en diciembre de 2014. Por último, la ruta occidental, de 739 kilómetros, a pesar de ser la más corta, es la más ambiciosa, pues llevaría el agua de la cabecera del río Yangtsé, en la meseta de Qinghai-Tíbet hasta la cabecera del río Amarillo, atravesando las montañas Bayankala con 450 kilómetros de túneles.

El gobierno central ha intensificado este proyecto, que lo considera estratégico, a pesar de las numerosas alarmas sobre la contaminación y la reubicación forzosa de cientos de miles de campesinos. También están los temores de que desviar el agua del río Yangtsé podría agotarlo creando nuevos problemas. Una solución propuesta para este problema es dar más caudal al Yangtsé redireccionando otros ríos del sudoeste de China. Pero esto afectaría de algún modo a India, Bangladesh, Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam, lo que podría suponer una crisis internacional. 

Transportes

Siendo el país más poblado, parece lógico que China tenga el aeropuerto más activo del mundo, y esto ocurrirá cuando se inaugure el próximo año el Aeropuerto Internacional de Beijing-Daxing. Previsto para una capacidad de 100 millones de pasajeros al año, será significativamente más concurrido que el aeropuerto de Hartsfield-Jackson de Atlanta que, en la actualidad, es el más activo del mundo. Su diseño es una descomunal estrella de mar que extiende sus brazos cubriendo 700.000 m². El nuevo mega-aeropuerto podrá tener hasta nueve pistas: ocho para uso civil y una para los militares, y cubrirá un área de 50 kilómetros cuadrados. El coste de la obra se estima en 13.800 millones de dólares y estará interconectado con el actual aeropuerto internacional de Pekín y con el resto del sistema de transporte mediante autopistas y trenes de alta velocidad.




China tiene en la actualidad docenas de líneas aéreas lideradas por China Southern Airlines, que es la aerolínea más importante del país, seguida de la compañía de bandera Air China. Existen más de 250 aeropuertos comerciales repartidos por todo el país que canalizan un tráfico de 500 millones de pasajeros al año, cifra que crece imparablemente con tendencia a superar a EE.UU. en pocos años. Sin embargo, los vuelos domésticos chinos son los más impuntuales en parte debido a que el ejército dispone del 75% del espacio aéreo y también a las rigurosas medidas operativas que aplican las autoridades. La industria aeronáutica china se desarrolla con rapidez y aunque llevan cierto retraso con los países occidentales, no quieren quedar atrás, por lo que están haciendo esfuerzos importantes en la construcción de aviones, cohetes y satélites artificiales.

Los chinos no están volando solo en el aire, sino también en tierra, adoptando aceleradamente la Alta Velocidad en sus ferrocarriles. El proyecto en marcha es construir un sistema con más de 35 mil kilómetros de vías de los que más de 20 mil ya están construidos en la actualidad, lo que la convierte en la mayor red de trenes rápidos del mundo y uno de los proyectos ferroviarios más caros de la historia. La expansión del tren de alta velocidad en China es especialmente alucinante si se tiene en cuenta que este despliegue se ha realizado en solo una década y que el tráfico de trenes en este tiempo se ha multiplicado por diez. Para hacerse una idea de las dimensiones chinas hay que fijarse en el dato de que su Ministerio de Ferrocarriles tiene una plantilla equivalente a todos los empleados civiles que trabajan para el gobierno de los Estados Unidos.



El tren de alta velocidad es la clave que hace posible el desarrollo de las gigantescas urbanizaciones que se están planeando, ya que permite el acceso al trabajo desde distancias superiores al automóvil, con una contaminación muy inferior. China lidera ya el tráfico mundial en pasajeros anuales, tiene el servicio de tren más largo, 2.400 km. de Harbin a Wuhan y tiene el tren comercial más rápido que opera con velocidades de hasta 430 km/h. Ahora, después de haber conectado con éxito gran parte de su propio país, China tiene como objetivo hacer lo mismo en el resto del mundo y está construyendo redes de alta velocidad en Turquía, Arabia Saudita, África y Sudamérica, y pujando por proyectos en Rusia, Brasil, Myanmar y en los Estados Unidos.

El más difícil todavía viene con el proyecto más peligroso de la agenda. El túnel submarino más largo del mundo conectará las ciudades de Dalian y Yantai a través del Mar de Bohai, pasando por dos zonas de fallas sísmicas donde a lo largo de la historia se han registrado enormes terremotos. Pero la apuesta está echada y con un coste de 42 mil millones de dólares, pretenden construir este túnel de 122 kilómetros de largo, que los chinos consideran que será enormemente rentable. Por un lado, reducirá el viaje actual de ocho horas entre las dos ciudades a menos de dos y conectará el deprimido norte del país con su rica costa este, con unos beneficios calculados de 3,7 mil millones de dólares cada año.
La experiencia convertiría a los chinos en los principales constructores de túneles submarinos del mundo y sería una apuesta muy seria para mega-proyectos futuros mucho más ambiciosos en los que ya se piensa, como conectar China a Corea del Sur, o incluso Rusia a los Estados Unidos a través del estrecho de Bering.

Otra obra de récord que forma parte de esta colección de locuras, es el puente que debe unir por automóvil, Hong Kong con Macao y la ciudad de Zhuhai, en el sur de China. Un proyecto que con sus 55 kilómetros de largo se convertirá en el viaducto sobre el mar más largo del planeta. Hoy, para llegar a Macao después de aterrizar en el aeropuerto internacional de Hong Kong, te enfrentas con un viaje de cuatro horas bordeando el delta del río de las Perlas por carreteras del interior o un largo viaje en ferry a través de aguas frecuentemente difíciles. Esta situación está a punto de cambiar gracias a un viaducto marítimo que se comenzó en 2009 y que está sufragado a tres bandas entre los gobiernos de China, Hong Kong y Macao, cuya inauguración está prevista para finales de 2018.




Es una obra arriesgada y costosa que consiste en una serie de puentes y túneles que conectan las ciudades de Hong Kong, Macao y Zhuhai, uniendo las dos orillas del delta del río, a través de una serie de construcciones que incluyen el viaducto principal en aguas poco profundas, un túnel submarino, que tiene la finalidad de no obstruir el tráfico marítimo de Hong Kong y dos islas artificiales que servirán de estación de ferrys y de atractivo turístico. Una autopista de seis carriles discurrirá de extremo a extremo reduciendo el viaje a poco más de 30 minutos.

Con la ejecución de esta obra, no cabe duda de que China se sitúa a la vanguardia de la construcción a gran escala. Siete de los diez puentes más largos del mundo están situados dentro de sus fronteras. Un logro que no sería posible sin la metodología y el espíritu heredados de su cultura milenaria pues, desde tiempos inmemoriales, los chinos tuvieron que superar las difíciles condiciones geográficas provocadas por los ríos Yangtsé y Amarillo, por invasiones y por terremotos concibiendo puentes y murallas impensables en Occidente.

Energía

Estamos viendo los logros actuales de la nueva China: la ciudad más grande del mundo, los canales más largos, el aeropuerto más grande, la red ferroviaria de alta velocidad más larga, el túnel submarino de mayores dimensiones y el mayor puente del mundo. Entonces no puede sorprendernos el hecho de que China esté construyendo la mayor granja de energía eólica del mundo.

El Proyecto de Granja Eólica de Gansu producirá 20 Gigawatios de energía para 2020, con un coste de construcción de casi 20 mil millones de dólares. El parque de Gansu ya superó en 2012 la producción total de electricidad generada por el viento en todo el Reino Unido y este proyecto es solo uno de los seis megaparques en construcción en toda China, que son imprescindibles para mantener el creciente consumo de la población que se está dotando de manera acelerada de toda clase de vehículos, electrodomésticos y aparatos de confort. 

Otra fuente en pleno desarrollo es la energía solar. La planta de Longyangxia, situada en la provincia china de Qinghai, que es la estación más grande de tecnología mixta hidro-solar del mundo, fue diseñada y construida íntegramente por Powerchina, y quedó conectada a la red eléctrica nacional en el pasado año 2017. Otra modalidad son las centrales fotovoltáicas flotantes. La empresa china Sungrow Power Supply Co, es líder mundial en la producción de paneles fotovoltáicos y ha terminado la instalación de las dos mayores plantas flotantes del país, ambas construidas en Huainan, provincia de Anhui. Se sitúan sobre una laguna artificial de 25 kms², de entre 4 y 10 metros de profundidad, de modo que las placas se refrigeran con agua de manera natural incrementando el rendimiento significativamente. 




El Consejo de Estado de China está impulsando una estrategia de renovables para reducir la dependencia del petróleo, el carbón y el gas que son recursos limitados, cuya extracción y consumo están sujetos a tensiones geopolíticas constantes. Desde 2013, China esta liderando el mundo en la producción de energía renovable, con una capacidad total de 378 Gigawatios instalados, provenientes de proyectos tan variados que van desde Gansu a plantas de energía hidroeléctricas como la presa de las Tres Gargantas, que opera en el río Yangtsé y es la mayor central eléctrica del mundo de cualquier tipo.

Como no puede ser de otro modo, China también lidera la producción y la venta mundial de paneles solares, cuya capacidad se ha multiplicado por 100 en los últimos diez años. Los chinos están liderando el desarrollo, la instalación y la exportación de todas las tecnologías para la producción de energías de origen solar. Ahora, 3,6 millones de personas están trabajando en el sector de energías renovables en China, en comparación con los 800 mil en Estados Unidos.

Es cierto que China es un país altamente contaminante en CO², pero su esfuerzo por acabar con esta situación es impresionante y para ello también están recurriendo a la energía nuclear, que esta mucho menos cuestionada en China debido a la enorme demanda de electricidad y al escaso rechazo de la población a esta energía o a cualquier otra. En la China continental están en operación 31 reactores nucleares y otros 24 en construcción, la mayor parte con potencias superiores a 6.000 megawatios. Aunque el parque es inferior al de los EE.UU., los proyectos de construcción chinos se mueven en dirección opuesta y mientras el resto del mundo le da la espalda a la energía nuclear, China está haciendo lo contrario, con proyectos que cuadruplicarán su capacidad nuclear para 2030. El gigante asiático ha apostado por mantener su crecimiento sin precedentes y, a pesar de los riesgos que suponen los reactores y sus residuos radiactivos, la energía nuclear sigue siendo una solución infinitamente más limpia que la quema de carbón, que sería su alternativa barata.

Ecología

Según el líder chino Xi Jinping, su política pretende posicionar al país como "portador de la antorcha" en las cuestiones ecológicas, aprovechando precisamente, que la administración de Trump parece caminar hacia atrás en la defensa del medio ambiente. Pekín está dando un gran impulso a los vehículos eléctricos, esperando dominar lo que se piensa que será la industria del transporte en el futuro. China ya juega un importante papel en coches eléctricos, ya que, en el año 2016, se vendieron en el país, más del doble de unidades que en EE.UU., un crecimiento asombroso para un país que desconocía esa tecnología hace diez años. Los líderes chinos han planificado que para 2025, el 20% de todos los nuevos coches vendidos en China estén propulsados por combustibles alternativos.

XI JINPING, EL DIRIGENTE CHINO MÁS PODEROSO EN 40 AÑOS

China afronta ahora una nueva fase que, en muchos sentidos, ha de definir su papel en el futuro: de un país manufacturero e industrializado a uno orientado a los servicios y eso puede redundar en la mejora medioambiental. Es una carrera a largo plazo en la que, sin perder competitividad industrial, tienen que cambiar el modelo energético y reducir emisiones.
El discurso de Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo, anunciaba la construcción de una sociedad "modestamente acomodada" y un "crecimiento económico amigable con el planeta", que forman parte del sueño chino: encontrar la fórmula para establecer una síntesis y un equilibrio entre lo tradicional y lo moderno, entre la planificación y el mercado, entre el autoritarismo y la democracia, que les sirva para asegurar que el siglo XXI será su "siglo de oro" en el orden mundial.

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