Google+ Aislado en este planeta: El Ritz

jueves, 1 de marzo de 2018

El Ritz

Nos han cerrado el hotel Ritz. ¡Vaya contratiempo! Ahora habrá que buscarse la vida para alojarse en Madrid con dignidad. Dicen que lo van a adecentar un poco. Ya veremos si cumplen los plazos y lo dejan bien como para que vuelva su clientela.

El señor César Ritz, un suizo del siglo XIX, está considerado como el padre de los hoteles de lujo del antiguo régimen, es decir, hasta el cambio de era que supuso la Primera Guerra Mundial. El rey Alfonso XIII, que era amigo de darse algunos garbeos por Europa, había conocido los hoteles del señor Ritz de París y Londres y pensó que Madrid bien podía merecer un hotel de tal categoría, así que llamó al dueño y le propuso la idea.


El mismo Rey aportó parte del capital, junto a otros personajes de la sociedad madrileña, y encargó a la compañía del señor Ritz su construcción quien aportó además, su prestigioso nombre al nuevo establecimiento. Fue el 2 de octubre de 1910 cuando el Ritz abrió sus puertas, convirtiéndose en uno de los hoteles más elegantes de Europa. Su inauguración fue un gran acontecimiento social que contó con la asistencia de la reina Victoria Eugenia y del rey Alfonso XIII, impulsor de la iniciativa de crear el primer hotel de lujo en España.

El Ritz fue uno de los primeros edificios madrileños en cuya construcción se empleó el hormigón armado y en su interior no se escatimaron gastos. Las habitaciones se decoraron de forma individual con cuartos de baño acabados en mármol, y se cubrieron la mayor parte de los suelos de alfombras y tapices muchos de ellos fabricados por la Real Fábrica de Tapices. La mantelería fue encargada a firmas irlandesas, el mobiliario fue obra de Lissarraga y Sobrinos, las vajillas se trajeron de Limoges y la cubertería de plata inglesa se encargó a The Goldsmiths. Lo mejor de lo mejor.

El nuevo hotel impactó de inmediato en la vida social madrileña. Enseguida se reconoció su cocina francesa, la elegante etiqueta de su comedor y las modas de importación que pronto se abrieron paso, como su famoso salón de té, las elegantes comidas de los lunes o las tardes del Ritz, en las que se bailaba en sus salones el fox-trot, recién importado. Aunque era costumbre de la aristocracia española tomar el chocolate caliente como merienda, la llegada del Ritz con nuevas modas, rompió costumbres y marcó tendencia entre la gente de la buena sociedad.


Durante la Primera Guerra Mundial, al ser España un país neutral, llegaron al hotel numerosos personajes de la aristocracia y de los negocios de Europa que necesitaban de los servicios del Ritz. Muchos de ellos empleaban sus salas como base de operaciones de todo tipo, desde espionaje hasta acuerdos comerciales y negocios encubiertos. La afluencia de estos personajes hizo aumentar el glamour inicial del hotel.

En 1926, el Ritz cambió de manos y se hizo cargo la familia Marquet de origen belga. En aquellos años se relacionan con el hotel nombres como Salvador Dalí, que visitaba el hotel para cortarse el pelo o José Antonio Primo de Rivera, que figuró en su consejo de administración. De su cocina y de su bar salen nombres eminentes de la hostelería madrileña como Perico Chicote o Clodoaldo Cortés fundador del restaurante Jockey.

En el transcurso de la defensa de Madrid, durante la guerra civil, el hotel fue empleado como Hospital de Sangre y algunos de sus empleados colaboraron como enfermeros. Terminada la guerra, los aristócratas y potentados que habían huido de la capital, regresaron, alojándose en el Ritz mientras recuperaban sus viviendas. Durante la contienda europea los visitantes fueron otros como el mariscal Pétain, Galeazzo Ciano (yerno de Mussolini) o Heinrich Himmler que vino a negociar la cooperación española con Alemania mediante el envío de la División Azul. Un asiduo visitante de aquellos años fue José Millán-Astray, el fundador de la Legión.


En los años 50, el Ritz siguió siendo el hotel de referencia y por el pasaron todos los famosos de la época. La etiqueta en la vestimenta era rigurosa; los hombres debían vestir americana y corbata y hasta 1975, no se permitió a las señoras usar pantalones. También se sabe que el hotel tenía la secreta consigna de no admitir a artistas y toreros por su habitual falta de clase. A pesar de ello, por el libro de registro pasaron Ava Gardner, Hemingway, Lola Flores y James Stewart que tuvo que recurrir a su condición de militar para ser admitido. Y después muchos más, todo ilustre que pasó por Madrid: Madonna, Nelson Mandela, Bill Clinton, Carlos y Diana, Brad Pitt, Grace Kelly y Rainiero, Michelle Pfeiffer, Fidel Castro… A la muerte de Franco, muchos líderes internacionales se alojaron en el Ritz para asistir al funeral, entre ellos el dictador chileno Augusto Pinochet.

El hotel tuvo un periodo de declive a partir de la década de los 70 y perdió actividades tradicionales como las comidas en el jardín o las cenas de Nochevieja y también se resintió el prestigio de su bodega. La situación financiera era delicada y el hotel fue adquirido junto con su vecino el Palace, por el empresario Enric Masó, quien después sería alcalde de Barcelona. Aquella debió ser una operación oportunista y años más tarde se vendió al grupo inglés Trusthouse Forte, un emporio en el mundo hotelero que tampoco retuvo la propiedad mucho tiempo y el hotel cambió de manos una y otra vez. 

En mayo de 2015, el edificio es adquirido por un grupo empresarial propiedad de la familia real saudí y por la cadena Mandarin Oriental que es la gestora actual del hotel y quien se hará cargo de la reforma proyectada que tiene un presupuesto de 100 millones de euros, con una duración prevista hasta finales de 2019. Sin perder el glamour y la elegancia de la belle époque, el hotel se actualizará al uso y confort del siglo XXI y se recuperarán elementos emblemáticos como la cubierta de cristal que ocupaba el centro del edificio cuando fue inaugurado, y también se incorporarán piezas artísticas de la colección del Ritz, entre las que se incluyen candelabros de cristal, pinturas antiguas, frescos y esculturas.


Me temo que con estos gastos, tendrán que subir las tarifas y no podré alojarme con frecuencia, seguramente con ninguna frecuencia. Pero continuaré admirando este bello edificio en plena plaza de Neptuno y si no me ponen pegas, igual me tomaré una cañita en su jardín.

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