Google+ Aislado en este planeta: Siempre oprimidos

sábado, 10 de marzo de 2018

Siempre oprimidos

Desde tiempos remotos Cataluña ha luchado por su identidad nacional, casi siempre con muy escasa fortuna. Mira que sus pobladores lo intentaron con ahínco, demostrando que su carácter está forjado por la determinación y la constancia, pero algo siempre salió mal. ¿tendrán más suerte en esta primera tentativa rupturista del siglo XXI? 


Su afán es ser independientes, libres, dueños de su destino y otras lindezas parecidas en el terreno de la retórica. Pero la historia es esquiva y nunca dio a los catalanes semejante oportunidad. Traidores franceses, opresores castellanos y bastardos aragoneses se encargaron de reprimir tan nobles deseos y así, siglo a siglo fue creciendo el rencor y la frustración en una élite de elegidos dispuestos a mantener eternamente la llama de la reivindicación. No faltaron ocasiones en veinte siglos, pero siempre los intentos fueron tantos como los fracasos.

En el siglo I, había una provincia romana que se llamaba Tarraconensis y su capital era Tarraco, o sea, la mismísima Tarragona. Si en aquel tiempo el Junts pel Sí de la época hubiese planteado un referéndum de autonomía, con el permiso de los romanos, ahora Cataluña ocuparía más de la mitad de la península ibérica, llegando hasta el Atlántico y el norte de Portugal. ¡Qué ocasión perdida! 
Siglos después, no hubo suerte con lo de la Marca Hispánica de Carlomagno que empujó a los musulmanes hasta el otro lado del río Ebro. Podría un quiebro de la historia haber mantenido aquella frontera sur del Sacro Imperio, evitando el ingreso catalán en el club ibérico y problema resuelto. Claro que los históricos condados habrían sido franceses y no independientes y eso habría sido aún peor. 
Mas tarde, su conde fundador, Ramon Berenguer, se casó con Petronila, la aragonesa. ¿Qué se pensaba el conde que podía pasar? Pues lo que siempre ocurre, que Petronila se lo llevó al huerto y nada de Cataluña. Ahora todo Corona de Aragón. 
En el siglo XV hubo un nuevo intento y una ocasión fallida de reinar en Aragón por el conde de Urgell, pero el compromiso de Caspe dio el trono a los Trastámara y esto supuso otro fracaso catalán y un forzado acercamiento a Castilla. Tiempos duros de protagonismo aragonés y ninguneo catalán. 
Llegamos más tarde a la histórica boda de Isabel y Fernando que supuso la unión de los dos reinos; Castilla y Aragón. En esta ocasión, el novio maño se llevó a la boda de paquete, a Cataluña con sus condados, y pronto todo quedó convertido en España.  
¿Qué ocurrió después con aquella historia de los segadores insumisos? Pues que aquella revuelta de 1640 contra la política del Conde-duque de Olivares, fue una ocasión perfecta aprovechada por Cataluña para aliarse con Francia huyendo de la perfidia española, pero en pocos años se percataron que habían saltado de la sartén para caer en las brasas, así que vuelta a control castellano habiendo dejado los pelos en la gatera con la pérdida del Rosellón. Y más desencanto todavía cuando en aquel mismo año, Portugal consiguió la independencia de España. 
Lo siguiente fue más gordo. En la Guerra de Sucesión por la corona de España, a la muerte de Carlos II sin descendencia, Cataluña no acertó en su decisión al apoyar al pretendiente austriaco, rebelándose contra el rey borbón cuando este ya estaba instalado en el trono. Como ahora no podían acudir a los franceses, recurrieron al ejercito ingles que se avino a hacerles el favor, pero aquello acabó mal para todos. Mediante el tratado de Utrecht, España perdió territorios y Cataluña sus fueros, además de mucha sangre y solo los ingleses sacaron tajada, como suele ocurrir casi siempre. 
Las guerras carlistas del siglo XIX tampoco resultaron favorables para las preferencias catalanas manifiestamente favorables al hermano del rey fallecido, como candidato a la corona. Es curioso observar que los enclaves más furibundos del independentismo de 2017, coinciden con los feudos carlistas del siglo XIX. ¿casualidad o determinismo histórico? 
Así avanza el relato y después de muchas horas bajas del catalanismo, es en el siglo XX cuando empiezan a tomar forma las instituciones de gobierno nacionalistas. En el marco de la II República, Francesc Macià, en 1934, proclama desde el balcón de la Generalidad la República Catalana, aunque con poco éxito porque aquel levantamiento fue sofocado por los cañones del general Batet, horas más tarde. Y lo que vino después, aun fue peor ya que tras la guerra civil, el amo del cotarro fue Franco y entonces todos a callar y a esperar su muerte como única salida. 
Una vez enterrado el dictador, con la locura del Estado de las Autonomías, se alborotó el gallinero de inmediato y como nadie puso orden y se dejó hacer, los ánimos se fueron exaltando y así llegamos a los acontecimientos del pasado octubre donde se produjo una proclama "virtual" y "simbólica" de la República catalana. Esta vez no hubo tiros y fue un juez quien puso a los gallos del corral en prisión o en Bruselas. Y suma y sigue.

Así que, vista la historia a lo largo de tantos siglos, con tantos fracasos, tantas humillaciones y tantas ocasiones fallidas, se puede pensar que los catalanes arrastran un cabreo genético, es decir, que toda la vida con el ceño fruncido te acaba cambiando la cara y por proximidad, afectando al cerebro (ya se sabe que la evolución se origina por la adaptación al medio). El cabreo es peligroso porque te puede nublar las ideas y llevarte a fantasear en la historia, a creerte patrañas y a anteponer la rauxa al seny, o sea, las tripas al sentido común.

Este problema evolutivo solo afecta a los catalanes fetén, a los de ocho apellidos, porque entre los habitantes de aquella tierra, también hay otros cuyo cerebro funciona extrañamente con normalidad a pesar de la inmersión en una atmósfera contaminada. Aún quedan gentes con raciocinio, con una visión de la vida menos trascendente, que no viven en la épica de un cantar de gesta, que no piensan que forman parte del pueblo elegido.

¿Como termina esto? ¿Cómo se sale del día de la marmota? Como en toda contienda ambos bandos creen tener razón, al menos su razón y nadie va a ceder. Las urnas no sirven, la inteligencia escasea y las posturas se hacen numantinas, aunque sean irracionales. Sencillamente, no sé qué se puede hacer, pero me temo que no hay salida en otros veinte siglos.


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