Google+ Aislado en este planeta: Jerónimo de Ayanz

martes, 17 de abril de 2018

Jerónimo de Ayanz

Como ocurre con mucha frecuencia, en Navarra hemos tenido personajes dignos de gloria y reconocimiento que, sin embargo, permanecen sumidos en el lado oscuro de la historia y son perfectos desconocidos en su propia tierra. Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue un militar navarro nacido en 1553, en el señorío de Guenduláin, cerca de Pamplona. Sus apellidos muestran su pertenencia a la alta nobleza navarra. Su padre, D. Carlos de Ayanz, había intervenido en numerosas campañas militares, incluida la batalla de San Quintín, por lo que gozaba del favor del rey Felipe II.

Palacio de Guendulain, actualmente en ruinas

Con catorce años, Jerónimo viajó a Madrid enviado por su padre, para ser paje del monarca. Allí adquirió una excelente formación, rica en todos los sentidos que le convirtió en un auténtico hombre del Renacimiento con polifacéticas habilidades como militar, administrador, cosmógrafo, pintor, músico y matemático, pero, sobre todo, como inventor. Sirvió en la milicia en las campañas de La Goleta, Lombardía, Flandes y Portugal. En la jornada de Flandes fue herido gravemente en una acción en que se hizo famoso por su valor y su fuerza física. El rey, que conocía sus hazañas le asignó una pensión y permaneció en Madrid hasta que la entrada de las tropas españolas en Portugal le llevó a alistarse para participar en la toma de Lisboa. Por su bravura y coraje, Felipe II le nombró Caballero de Calatrava. Se sabe que aquel soldado tenía una fortaleza sobrehumana de la que hacía gala en el combate y además era un buen estratega militar. Ambos eran atributos muy apreciados en el Siglo de Oro. Lo que no se conoce es su físico ya que ni un solo retrato ha quedado para la historia.

Jerónimo de Ayanz
Su prestigió fue en aumento cuando, en 1582, Ayanz descubrió un complot para matar a Felipe II, lo que le valió el favor del rey de por vida, además de una suculenta renta. En 1584, cuando cuenta con 31 años, el rey la envía a Murcia donde ejerce cargos como regidor de aquel reino y como Gobernador de Martos. También es nombrado Administrador General de las minas del reino con la responsabilidad de gestionar con eficacia las 550 explotaciones que había en España, más los nuevos yacimientos que se iban descubriendo en América. A pesar de sus ocupaciones, en 1589, supo que los ingleses habían atacado La Coruña, así que allí se fue con su hermano, para defender la ciudad en la batalla que hizo famosa a María Pita y que supuso una fuerte derrota a la flota atacante comandada por el corsario Drake.

En su destino como administrador de minas, tuvo la oportunidad de buscar soluciones técnicas a los problemas de esas explotaciones. En una inspección minera estuvo a punto de morir por los gases tóxicos desprendidos, lo que le llevó a idear sistemas para poder renovar el aire viciado. Los mayores inconvenientes de las explotaciones mineras eran la alta contaminación del aire en su interior y la acumulación de agua en las galerías. Jerónimo concibió un sistema mecánico que permitía extraer el agua del interior y a la vez introducir aire refrigerado en las minas. Primero utilizó un sifón accionado por la presión atmosférica pero pronto mejoró el diseño utilizando la fuerza del vapor para empujar el agua desde el interior hacia afuera y también se empleaba para dirigir aire hacia las entrañas de la explotación, que previamente se enfriaba cuando se disponía de nieve.

De este desarrollo surgen dos inventos geniales como son la máquina de vapor y el aire acondicionado, que se irían perfeccionando en los siglos siguientes, aunque los principios ya habían quedado establecidos por Jerónimo de Ayanz. Tendría que transcurrir un siglo hasta que otros desarrollos de la máquina de vapor mejoraran el rendimiento de aquel invento. Su ingenio permitió recuperar yacimientos que se habían abandonado por la inundación y facilitó la mejora de la minería, tan vital para el Imperio español.

Tratado de ingenios

A partir de 1599 residió durante dos años en Madrid, donde realizó ante la Corte diferentes experimentos para explotar otros metales útiles para la industria. Tuvo ideas avanzadas para su tiempo al proponer un sistema económico basado en la liberalización de las minas, la organización del trabajo, la rebaja de los costes de explotación y la creación de escuelas especializadas de minería. Demasiado para la mentalidad de la Corte de Felipe III, de modo que sus ideas no prosperaron.

En 1601, la corte española se trasladó a Valladolid y allí tuvo que ir Jerónimo de Ayanz para proseguir con sus inventos, que debían ser mostrados al rey y a los científicos de la corte para ser validados y financiados. Conoció a Juan de Arfe al que proporcionó balanzas de precisión para pesar los metales. Fue notable un experimento ante el rey, que consistió en la inmersión de un buzo en las aguas del Pisuerga durante más de una hora, equipado con un traje de buceo inventado por Ayanz, cosa que hasta entonces era impensable. Estos equipos de bucear se emplearon después en la isla Margarita de Venezuela, para extraer perlas de las cuevas marinas.

Palacio de la Ribera. Valladolid

A principios de 1608, Ayanz dejó el cargo de Administrador General de Minas y al año siguiente fundó una compañía minera con otros socios para volver a poner en marcha la mina de Guadalcanal, cerca de Sevilla, que había sido rica en plata en la época de Felipe II, pero que estaba inundada. Allí se aplicaron las máquinas de vapor para el desagüe y se recuperó la actividad minera hasta el año 1611 en que cesó por la disolución de la compañía.

La personalidad de Ayanz destacó en diversos campos. Como militar, tenía una impresionante habilidad con las armas y una extraordinaria fuerza en sus brazos. Tenía dotes musicales y artísticas que le hacían brillar en la Corte. Componía canciones que él mismo interpretaba a la vihuela con su formidable voz de bajo. En el arte de la pintura, manejaba con habilidad los pinceles e intentó crear en Valladolid, un Museo y Academia de Bellas Artes, donde se pudiesen exponer las colecciones reales, al tiempo que se daba formación a futuros pintores.

Capilla de Dávalos
Pero destacó sobre todo, en el campo de la invención técnica. En el Archivo General de Simancas está registrado un "privilegio de invención", como se llamaba en la época a las patentes, firmado por Felipe III, donde figuran hasta 48 inventos suyos. Están documentados con detalladas descripciones y dibujos, diversos métodos metalúrgicos, balanzas de precisión, equipos para bucear, hornos, destiladores, sifones, instrumentos para medidas de rendimiento en máquinas, molinos hidráulicos y eólicos, molienda por rodillos metálicos, presas de arco y bóvedas, bombas hidráulicas de husillo y de achique de barcos, eyectores y máquinas de vapor. Gran parte de estos ingenios se adelantaron muchos años a los que se desarrollarían en Inglaterra durante la Revolución Industrial.

El 23 de marzo de 1613 moría en Madrid a causa de la gota que padecía. Sus restos se trasladaron a Murcia, la ciudad que había gobernado y donde se había casado. Un día, hace dos años, visitando la Catedral murciana, un guía me señaló: aquí, en la capilla de Dávalos, tenemos enterrado a un navarro. Así conocí a Don Jerónimo de Ayanz.

En su biografía hay datos que hacen pensar que, además de su valor y su ingenio, fue un buen hombre, pero como este país es completamente ingrato con sus hijos más ilustres, Jerónimo de Ayanz es en la actualidad un perfecto desconocido. Ni una calle, ni un monumento le recuerdan en toda España. Solamente un pequeño edificio del Campus de la Universidad Pública de Navarra lleva su nombre. Escaso reconocimiento para un hombre que fue uno de los mayores talentos de nuestra historia y que en muchos de sus planteamientos se adelantó dos siglos al nivel tecnológico de su tiempo. 

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