Google+ Aislado en este planeta: Un país inmenso

sábado, 7 de abril de 2018

Un país inmenso

En España hay unos 3.000 pueblos abandonados. Pueblos que siguen anclados en su lugar, sufriendo el deterioro del tiempo, en los que quedó parte del corazón de las gentes que los habitaron y que un día tuvieron que abandonar. Es muy difícil sobrevivir en lugares que están alejados de los centros de actividad económica y social, donde los servicios escasean y donde es imposible hacer rentable cualquier actividad laboral. 

Uno de los factores que contribuye a la despoblación es sin duda la falta de comunicaciones adecuadas. No sirven los caminos de herradura y ni siquiera las carreteras de hace cien años. Ahora se necesitan autopistas y autovías modernas, pero las que se construyen no llegan a todas partes y se da la circunstancia de que mientras unos lugares salen beneficiados con su paso, otros quedan definitivamente condenados al aislamiento.

Las Alpujarras

Sin embargo, un pueblo algo aislado tiene sus ventajas ya que puede conservar mejor sus esencias y permitir un tipo de vida más auténtico, más cercano a la naturaleza y a las otras gentes. El fenómeno de los pueblos abandonados en España siempre ha despertado interés en el extranjero y muchos visitantes del norte de los Pirineos, se han interesado por la adquisición de una vivienda en estos apacibles lugares. Pero se encuentran con una excesiva burocracia, unos costes elevados de rehabilitación y unos impuestos que les hacen desistir y así estos enclaves pierden la oportunidad de seguir vivos.

Cada día más, los españoles circulan por las autopistas sin preguntarse qué hay a su paso y qué lugares podrían conocer si se detuvieran. La planificación del viaje consiste en indicar al navegador el punto de partida y el de llegada y después dejarse llevar. Así que el viaje se convierte en un largo paréntesis carente de contenido donde solo cuenta que la duración sea lo más breve posible. Además, para no tener necesidad de abandonar la vía, han surgido unos puntos de servicio para el viajero y para su vehículo, completamente despersonalizados, de modo que da lo mismo una gasolinera o un restaurante de Almería o de Pontevedra.

Atrás quedaron los tiempos del viaje por carretera con un vehículo insuficiente, atravesando una sucesión de pueblos en los que era frecuente la parada para comer, estirar las piernas o comprar algún producto de la tierra. Así, poco a poco, se hacía turismo, se aprendía algo pintoresco de la zona, se dialogaba con otras gentes y se favorecía la economía de aquellos lugares.

Mallos de Riglos

Ahora con las autovías, se viaja deprisa y no es cuestión de despreciar sus ventajas. Pero en cuanto tengo ocasión, soy partidario de dejar las vías rápidas e internarme por carreteras secundarias y pueblos que quedaron aislados. Como bien recita el poeta Cavafis en su "Viaje a Ítaca", "Cuando emprendas tu viaje pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias…" De algún modo está diciendo que más importante que el destino, es el propio viaje, y es una gran verdad. 

Estas salidas de vía permiten conocer lugares que son la esencia de un país. ¿Cómo si no, se puede recorrer el periplo de Don Quijote por la Mancha, las perlas del Románico en el Camino de Santiago, el desierto de las Bardenas, los pueblos blancos de la serranía gaditana, los bancales de cerezos en flor del Valle del Jerte, las Alpujarras en Sierra Nevada, el valle de Liébana hasta el corazón de los Picos de Europa, la zona volcánica de la Garrotxa, los cañones del Sil, y así una lista interminable? 

En España hay unos 167.000 km de carreteras y de ellos, el 10% son autovías o autopistas, mientras que el resto son carreteras secundarias o comarcales. Según el Ministerio de Fomento, en la actualidad el 94% del tráfico se concentra en los 17.000 km de vías rápidas, condenando al olvido a los 150.000 km de carreteras secundarias, comarcales y locales que dan acceso a los 19.000 pueblos de todo tipo que cubren la geografía española, además de a otros lugares de interés como parques naturales, lagos, desfiladeros, montañas y playas. Son las carreteras menores las que dan capilaridad al país permitiendo que este pueda ser recorrido, conocido y disfrutado.

Fuenterrabía

Los que por edad conocimos viajes interminables debido a la precariedad de otros tiempos, no podemos evitar una cierta nostalgia por la forma de viajar de antaño, donde había paradas a veces obligadas, vistas a monumentos, coincidencias con festejos locales, comidas donde paraban los camioneros, y compras de productos típicos. Con estas actividades se fomentaba el conocimiento profundo del territorio, la geografía, las costumbres y el habla de los lugareños y aún diría más; se creaban sentimientos y se hacía país.

Es verdad que ahora podemos viajar más rápido, pero frecuentemente, ir más deprisa no significa ni ir mejor ni salir satisfecho de la experiencia.

1 comentario:

  1. Existe este blog sobre pueblos abandonados en Navarra http://despobladosnavarra.blogspot.com.es/

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