Google+ Aislado en este planeta: Batalla perdida

lunes, 21 de mayo de 2018

Batalla perdida

Los acontecimientos que a diario se producen en el tema catalán, me recuerdan a las secuencias con las que se construyen las series de televisión. Cada día desde hace años, ocurre algo que debidamente aderezado y puesto en secuencia, construiría una magnifica serie con varias temporadas de duración y donde el final sigue siendo una incógnita. Pero como aficionado a los seriales y afinando un poco el olfato, me da que el guion se va decantando y ya da señales de un final poco sorprendente: Cataluña terminará separándose de España.

Arte y separatismo
Lamento haber llegado a esta conclusión que me desagrada en extremo, pero a mi modo de ver, la situación se va decantando paso a paso hacia ese final y de momento, ya han recorrido la mitad del camino. Intentaré explicar lo que me parece un proceso sencillo, aunque esté compuesto de millones de ideas, opiniones, sentimientos e intenciones de todos los implicados, es decir de los ciudadanos de todas las provincias de España. Digo que es sencillo porque en última instancia toda su complejidad confluye hacia unas pocas conclusiones que son fruto de la lógica de los acontecimientos y del sentido común.

Si echamos la vista atrás, venimos de tiempos donde el independentismo no era significativo. Podía estar larvado en los pliegues de la historia catalana, pero apenas se dejaba ver. Con el paso de los años y con los incentivos proporcionados por las actuaciones políticas de las últimas décadas, la fiera ha despertado, ha tanteado sus fuerzas y ya avanza a velocidad de crucero. Mientras, por el lado del constitucionalismo, nada se ha hecho, salvo contemplar con sorpresa la que se viene encima. En un ejercicio simple de extrapolación del pasado, se deduce que faltan unos pocos años para que la balanza se incline de forma irreversible.

Ilustrados y cargados de razón
La maquinaria separatista está bien engrasada y se beneficia a su favor de todo lo que ocurre, de un modo inteligente. Por un lado, se ha manipulado la educación durante generaciones y ahora se puede jugar con el sentimiento de la gente. Ya se sabe que cuando un gusano solo come lechuga, se vuelve verde. Después están los medios de comunicación encargados de la consigna permanente y de la descalificación del contrario. Cuando una canción se escucha cada día, se acaba aprendiendo y al final, tarareando. Además, la estrategia va más lejos llevando la cuestión a foros y medios de comunicación internacionales sin que nadie haya sabido rectificar la falacia de los mensajes. Así tenemos una buena parte de la opinión europea que ve con alguna simpatía el famoso "procés".

Son 40 años de una estrategia mantenida y de un objetivo claro por parte de los separatistas y esos mismos años de inconsciencia y de mirar para otro lado de los partidos nacionales gobernantes a los que era más fácil aceptar el apoyo de los nacionalistas y a cambio hacer oídos sordos a lo que muchos veían venir. Además cuentan con la valiosa ayuda de otros que, sin ser catalanes, se posicionan por principio, frente al Gobierno.

El estado español esta inerme, falto de ideas y agarrotado ante lo que tiene delante. El 155 apenas sujeta la situación de provisionalidad y además se va a extinguir (o quizás no), en cuanto se forme un gobierno. Sin duda que los independentistas volverán a las andadas, eso sí, con más precauciones, bordeando la legalidad, pero sin cejar en su empeño. Los nacionalistas han cometido un error precipitando el momento y ahora abrirán una nueva etapa de prudente desafío. Mantener el pulso y aguantar. Diez años más de cesión y de adoctrinamiento en las escuelas y la televisión y ya no será posible pararlos.

Los apoyos internacionales
El independentismo aun no es mayoritario en Cataluña porque hay gente con lazos afectivos hacia España que son los descendientes de la inmigración andaluza y de otras regiones que tuvo lugar en los años 60 del siglo pasado, pero a medida que se diluya el poso español en nuevas generaciones, el avance independentista será imparable. ¿Qué podrá hacer el estado español con un 70 u 80 por ciento del censo exigiendo la separación?

No hay espacio para el consenso y la situación no tiene arreglo por ninguna de las partes. Estamos ante un golpe de Estado incruento, sin costes humanos y mejor que sea así. El gobierno ha puesto pie en pared aferrándose a la ley y este es un discurso del que no puede claudicar ya que tampoco puede fomentar diferencias entre los españoles. Los independentistas sueñan románticamente con una república que resolverá de golpe sus problemas de identidad y ningún diálogo, ni compensación, ni autogobierno sirve en este momento. El patriota catalán ya está educado y cualquier cosa que no sea un país propio es una traición a sus principios.

Una idea ingeniosa
En otros tiempos estas situaciones se resolvían mediante una guerra civil seguida del silenciamiento del perdedor durante varias generaciones. Afortunadamente, ahora esto no es posible, así que queda el otro recurso: la cesión, que deberá ser gestionada con inteligencia porque tiene el problema de la población catalana que se siente española, que no va a aceptar de buen grado la situación. Estamos en un pulso contra reloj que favorece a los independentistas. España pudo plantear el referéndum catalán cuando podía ganarlo, pero ahora ya es tarde. La cuestión que flota en el aire no es si Cataluña será independiente, sino cómo y cuándo y también en qué condiciones. La inseguridad del estado español es manifiesta. Cada paso que hay que dar se inicia con un titubeo que consiste en adelantar un pie, pisar con cautela y si el suelo no cede, acabar el paso, pero teniendo el temor permanente de que haya que echar para atrás porque se ha entrado en terreno desconocido. Por el otro lado, los independentistas caminan con paso decidido porque no tienen ninguna prevención legal. Están lanzados y no los va a detener un guardia municipal tocando el silbato.

Lo que en decenios pasados no se supo prevenir habrá que resolver ahora con imaginación, con prudencia y con determinación, pero no será fácil teniendo en cuenta que nuestro desdichado estado de las Autonomías y unos políticos incompetentes, que no se ponen de acuerdo ni para ir a comer, han alentado estos nuevos reinos de Taifas que amenazan acabar con la España moderna.

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