Google+ Aislado en este planeta: Leyre

martes, 15 de mayo de 2018

Leyre

La sierra de Leyre o sierra de Errando, en el extremo oriental de Navarra es un murallón pétreo que ha desafiado al tiempo y a los enemigos del Reyno durante siglos. Fue el último baluarte de los dominios cristianos y disputada frontera con las tierras invadidas por el musulmán durante siglos. En la ladera sur y a una altura media de la escarpada sierra, en un enclave entre encinas y robles, se encuentra el Monasterio de Leyre. Su elevación es suficiente para dominar los valles y las tierras del cercano Aragón, pero con una posición que no es desafiante y así se beneficia del abrigo que la sierra le proporciona.

Panorámica de Leyre y el embalse de Yesa

A sus pies circula el Camino de Santiago que, siguiendo la variante Tolosana, cruza el pirineo por Canfranc. De las cumbres de su sierra baja hasta el rio la Cañada Real de los Roncaleses, que es la ruta utilizada por los pastores de los valles del Pirineo navarro, en su trashumancia hacia las Bardenas.

Hay versiones de la historia que sostienen que el monasterio de Leyre ya existía antes de la invasión sarracena. El primer documento que hace referencia al cenobio es una donación recibida del rey Íñigo Arista y el obispo Wilesindo, que lleva fecha del año 842. En el 848, el presbítero Eulogio de Córdoba relata su paso por el monasterio del que menciona que dispone de una importante biblioteca. Con esta pista cabe pensar que el monasterio ya tenía una vida anterior pero no se puede datar su origen.

Absides de la iglesia del siglo XI

Son tiempos en los que ya se había producido un cierto mestizaje entre el incipiente reino navarro y los musulmanes de Beni-Casi. Cuando en el 848 San Eulogio viaja por Navarra, las relaciones entre musulmanes y navarros eran muy buenas y se podía transitar desde Córdoba a Zaragoza y Pamplona sin ninguna dificultad. Sin embargo, a partir de la mítica Batalla de Clavijo en la que el rey navarro apoyó a Ramiro I de Asturias en su negativa a seguir pagando tributos a los emires árabes, comienza un período de incertidumbre y hostigamiento musulmán. El año 920, Abderramán III, remontando el Aragón, lleva su campaña militar a la zona estratégica de Leyre. La batalla y derrota de las tropas cristianas, se produce en terrenos de Liédena y la Foz de Lumbier. En aquellos años convulsos la Monarquía se refugió en Leyre y se aceptó la costumbre de que los obispos de Pamplona fuesen los abades del monasterio.

En el siglo X, Leire aparece ya como el más importante de los centros monásticos de Navarra, siendo además beneficiario de numerosas donaciones y prebendas de los reyes. Tanto es así que, en el transcurso de los años, hasta un total de 72 monasterios dependieron de Leyre. Además, varios de los monarcas se hicieron enterrar aquí, convirtiendo el monasterio en Panteón Real de los reyes de Pamplona. En él descansaron los restos de 10 reyes, 7 reinas y dos príncipes, alcanzando su plenitud bajo el reinado de Sancho III el Mayor de Navarra.

Iglesia románica
Cripta

Otro hito importante de los primeros tiempos es la donación de la reina Oneca, esposa del rey de Pamplona Iñigo Arista, al monasterio, de las reliquias de las santas mártires Nunilo y Alodia, martirizadas en Huesca en el año 851. De este modo el monasterio aumentó su prestigio lo que suponía generar peregrinaciones y obtener donaciones y limosnas. Actualmente aquellas reliquias se encuentran repartidas entre Leyre y Adahuesca, lugar de origen de las santas, y la valiosa arqueta califal que las contenía se conserva en el museo de Navarra.


Vista desde la sierra
Panteón de los reyes navarros

Hablando de Leyre, es obligado mencionar la historia o más bien leyenda de San Virila, un fraile del monasterio, de comienzos del siglo X, que en sus meditaciones se atormentaba con el misterio de la eternidad y rogaba a Dios que iluminara su mente. Un día de primavera paseando por los bosques de la sierra, oyó cantar a un ruiseñor y quedo absorto con su canto. Cuando despertó volvió al monasterio quedando sorprendido al verlo cambiado y más aún cuando ningún fraile le reconoció. Cuando se quiso identificar, tuvieron que recurrir a los archivos del cenobio y descubrieron que se trataba del abad Virila, desaparecido en el bosque trescientos años atrás. Entonces el monje comprendió que aquella era la respuesta divina a sus inquietudes.

Leyre en sus orígenes fue un monasterio benedictino, y posteriormente pasó a pertenecer a la orden cisterciense. A partir de 1954, una vez restaurado, fue cedido a los monjes primitivos, benedictinos llegados de la abadía de Santo Domingo de Silos. Aunque en la actualidad el monasterio está muy reconstruido después de un siglo de abandono tras la desamortización de Mendizabal, queda en pie con todo su esplendor la gran cabecera románica del templo que debió levantarse para ampliar la iglesia primitiva. De esta pieza magistral del románico navarro se conoce con certeza la fecha de su consagración que fue en el año 1057. Aunque planteada en tiempos de Sancho el Mayor, el gran valedor de Leyre, era su nieto Sancho Garcés IV el de Peñalén, quien reinaba en aquellas fechas de máximo esplendor.


Conjunto monacal

Sierra de Leyre

Leyre es un lugar evocador de los tiempos heroicos en los inicios del Reyno. Por su historia épica es un lugar de referencia para cualquier navarro y un magnífico destino para ser visitado. Por mis vivencias personales es mucho más. Allí pase temporadas de mis años infantiles, cuando mi abuelo era el guarda de aquella finca, que estuvo en manos de la Diputación Foral hasta su cesión a los frailes. A lo largo de muchos años he recorrido la sierra y todos los parajes que van desde Arangoiti al Paso del Oso y descendiendo, hasta el embalse de Yesa y he visitado el Monasterio en numerosas ocasiones, así que puedo pensar que, como el fraile Virila, tengo raíces en tan extraordinario lugar.

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