Google+ Aislado en este planeta: Historia del coche eléctrico

martes, 5 de junio de 2018

Historia del coche eléctrico


Es el producto de moda, aunque casi nadie se lo compre. Resulta envidiable ver rodar uno de estos vehículos, en silencio y sin tubo de escape, pero cuando hay que decidir y se echan cuentas, los ánimos se enfrían y así nos encontramos con una cifra de ventas mundiales de coches eléctricos que es solamente la centésima parte de los coches de combustión. De todos modos, estamos ya embarcados en una tendencia que tarde o temprano cambiará el panorama dando paso a la venta masiva de autos eléctricos.

Tesla Model X

Para que esto ocurra solo falta mejorar la ratio de eficiencia global de la tecnología eléctrica con precios más asequibles, mayor autonomía, redes de recarga y mantenimiento ajustado. Pero estas mejoras están en manos de los investigadores y de los fabricantes y serán ellos los que marquen la pauta de la evolución del mercado.

Podría parecer que hablamos de un producto nuevo en el mundo de los últimos años y sin embargo el coche eléctrico es muy antiguo, más antiguo que los modelos propulsados por los derivados del petróleo. Como suele ocurrir frecuentemente, no está clara la autoría del invento. Pudo ser el escocés Robert Anderson quien construyó el primer prototipo de vehículo eléctrico en el período comprendido entre 1832-1839. Simultáneamente, el americano Thomas Davenport instala hacia 1834 un motor eléctrico en un coche que circula sobre raíles electrificados y por tanto sin necesidad de batería. La idea de utilizar los raíles como conductores de electricidad tuvo su primera patente en Inglaterra en 1840 y supuso la base para el desarrollo del tren eléctrico.

La aparición de las baterías recargables en 1880 supuso un gran avance, permitiendo una mejora inmediata del rendimiento del coche eléctrico. En 1881 aparece en París un modelo de tres ruedas que el ingeniero alemán Andreas Flocken, un fabricante de máquinas agrícolas de Coburg, mejora en 1888, dotándolo de cuatro ruedas y una batería recargable. Poco después, en 1897, aparecen los taxis eléctricos en ciudades como Londres o Filadelfia y sobre todo Nueva York que llegó a contar con una flota importante con servicios de recarga centralizados. Al final del siglo, en el año 1899, el coche eléctrico bautizado como "Jamais Contente" construido en Francia por el belga Camille Jenatzy, supera por primera vez la velocidad de 100 km/h. El coche estaba fabricado en aleación ligera con forma de torpedo para mejorar la aerodinámica.

Jamais Contente 1899

Un episodio digno de mención señala a Ferdinand Porsche como fabricante de un carruaje movido por baterías que recorrió las calles de Viena en 1898. Este coche alcanzaba los 34 km/h y tenía una autonomía de 78 kilómetros, lo que resultaba espectacular para la época. Años más tarde Porsche irrumpió en el mercado con sus potentes deportivos impulsados a gasolina.

Otra innovación como el coche híbrido, tampoco es de ahora. En 1911, el primer vehículo híbrido de gasolina y eléctrico fue puesto en circulación por la Woods Motor Vehicle Company de Chicago. Aquel coche fue un fracaso comercial, pues era demasiado lento y sofisticado con un precio elevado y con un mantenimiento dificultoso.

En España la compañía barcelonesa La Cuadra fue pionera en la fabricación de automóviles. Realizó algunos prototipos de un camión, un ómnibus y un coche, todos ellos con motor eléctrico que nunca llegaron a funcionar bien. También lo intentaron con motores de gasolina, pero el alto coste, y el bajo rendimiento de las baterías, añadidos a los problemas financieros hundieron a la empresa que estuvo en activo desde 1898 hasta 1901.

El comienzo del siglo XX fue la época dorada del vehículo eléctrico cuando se contabilizaban en el mundo 19 fabricantes. Las cifras de ventas de vehículos en los Estados Unidos reflejan la tendencia dominante en aquellos años; de los 4.200 vehículos vendidos, el 38% eran alimentados por electricidad, mientras que un 40% eran de vapor y el 22% restante recurría a la gasolina. Sin embargo, pronto cambió el panorama porque el vapor perdió la carrera en beneficio principalmente del coche eléctrico. Estos automóviles eran más cómodos, limpios y silenciosos que los de combustión y no había que soportar las violentas vibraciones ni las nubes de humo y además se arrancaban con un botón de modo que resultaban los preferidos por las mujeres. Pero después de la Gran Guerra, con el enorme desarrollo experimentado por los motores de gasolina durante la contienda, las preferencias del público se inclinaron hacia ellos por sus mejores prestaciones y su autonomía, además de unos precios populares gracias a los métodos de fabricación en serie impulsados por Henry Ford.

Coche eléctrico Porsche

En 1912, un coche de gasolina ya costaba la mitad que un vehículo eléctrico. Las ciudades comenzaron a estar mejor conectadas mediante carreteras y se descubrieron los yacimientos de crudo en Texas de modo que la gasolina comenzó a ser barata y a estar disponible en las zonas rurales mediante las gasolineras que florecieron por todo el país mientras que la electricidad sólo estaba disponible en las ciudades. Así que, poco a poco, el vehículo eléctrico quedó relegado al ámbito industrial y del transporte como la carretilla eléctrica, la locomotora o el carrito de golf, pero desapareció de las carreteras hasta la crisis del petróleo de 1973 que fue el detonante que consiguió resucitar algunos proyectos como el Enfield británico o el Citicar americano, ambos con una autonomía de 65 kilómetros de los que se llegaron a comercializar algunos cientos de unidades.

Pocos años antes los japoneses, que siempre han sido pioneros en esta industria, habían fabricado un vehículo eléctrico de 4,5 CV. Era el año 1947, en plena crisis energética de la posguerra, cuando apareció el Tama EV, un coche fabricado en colaboración por Nissan y la empresa aeronáutica Tachikawa. Desarrollaba una velocidad de 35 km/hora con una autonomía de hasta 70 kilómetros.

Coche japonés Tama EV de 1947

El coche eléctrico moderno como se conoce hoy, tiene su origen en el EV-1 que General Motors (GM) presentó en 1996. Se trataba de un modelo a pilas de plomo-ácido que ofrecía una autonomía de hasta 160 kilómetros que se amplió hasta 225 kilómetros al equiparlo con nuevas baterías de níquel metal hidruro. Pero en 1999 la propia GM se posicionó en contra de su producto y cesó su producción a la vez que intentó retirar del mercado muchas unidades en circulación. La marca esgrimió que el modelo era demasiado costoso y poco rentable, y que nació como respuesta a la exigencia de una normativa medioambiental del estado de California, la ley "Zero Emision Vehicle Mandatory", que obligaba a los fabricantes a vender un porcentaje de unidades de modelos sin emisiones. La verdad debe ser otra y es que GM cedió a las presiones del lobby del petróleo que también consiguieron que la norma medioambiental californiana se relajara en sus exigencias. Así que el desarrollo está siendo muy lento porque en la industria conviven los intereses de varios sectores y las petroleras siguen llevando la voz cantante.

Sin embargo, los fabricantes de coches, que quieren tener un pie en cada orilla, han seguido haciendo propuestas. Así, en 1997, la japonesa Toyota lanzó el primer híbrido, el modelo Prius, del que se llegaron a vender 18.000 coches en el primer año de su comercialización. Hasta la fecha, Toyota ha puesto en el mercado más de 11 millones de unidades de vehículos híbridos.

En EE.UU. Tesla Motors, una pequeña startup de Silicon Valley, recogió el testigo del EV-1 y en 2008 lanzó su modelo Roadster, que supuso la introducción del vehículo eléctrico del siglo XXI. El coche no era más que un Lotus Elise modificado, pero contaba con una nueva tecnología de baterías de ion litio que llevaron la autonomía a más de 300 kilómetros, una dimensión hasta entonces desconocida. Todos los coches posteriores de diversos fabricantes, han bebido de la fuente tecnológica de Tesla y las nuevas baterías, que hoy son las más usadas.

Paquete de baterías del Nissan Leaf

Entre la oleada de autos eléctricos modernos, destaca el Nissan Leaf que lidera las ventas mundiales con más de 300.000 unidades en su primera generación. Todos los fabricantes se han posicionado en esta carrera bien con tecnología propia o mediante colaboraciones entre marcas y todos disponen ya de modelos en el mercado, aunque las ventas son en muchos casos meramente testimoniales. Los vehículos "verdes" están de moda y ahora se trata de estar posicionado para una carrera de largo recorrido que no ha hecho más que empezar. La mejora de las baterías que seguirán ampliando su autonomía, la caída de precios en una economía de escala y las próximas normas de emisiones, cada vez más restrictivas en todos los países, garantizan el futuro al coche eléctrico.

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