Google+ Aislado en este planeta: La gasolina de Franco

miércoles, 13 de junio de 2018

La gasolina de Franco

El escritor zaragozano Ignacio Martínez de Pisón ha publicado un libro con una historia que resulta fascinante. Al final de la Guerra Civil, España estuvo a punto de convertirse en uno de los exportadores mundiales de gasolina, hecho que iba a ocurrir después de satisfacer todas las necesidades nacionales de carburante. El asunto es que Franco se había tragado una bola y como nadie podía cuestionar al líder, todo el mundo lo dio por bueno porque así lo había publicado a los cuatro vientos, la prensa del régimen. 

Consejo de Ministros, agosto de 1939

Varios años antes, había aparecido en España un químico austriaco de nombre Albert Elder von Filek, que había inventado un combustible sintético de fácil fabricación a partir de agua con unos extractos vegetales secretos que solo él conocía. Cuando ofreció su invento al régimen español aseguró que lo hacía buscando el engrandecimiento de la nueva España y, según su relato, había rechazado sustanciosas ofertas de las grandes compañías petroleras.

Nuestro personaje había nacido en Viena en 1889 y como toda su generación, vivió los estragos de la Gran Guerra teniendo que partir de cero para buscarse la vida. Aprovechó sus cualidades personales como su origen de buena familia, su educación, su carrera militar y sus varios idiomas para pasearse por Europa buscando oportunidades. Su carrera de pícaro tiene numerosos episodios como un robo de joyas en Trieste, seducciones y engaños a varias mujeres, estafas en hoteles de lujo de los que se iba sin pagar y sablazos varios a quien se dejaba engañar con su palabrería. Un delincuente internacional de poca monta, que cambia de nombre con facilidad y se desplaza por varios países dificultando su localización. 

Filek llegó a Madrid en 1931, encontrando una España convulsa pero llena de oportunidades en medio de la incultura general de la sociedad. Comenzó con las habilidades de timador que dominaba, pero poco después vio que fingir ser un inventor podía reportarle beneficios y puso en práctica un timo que consistía en anunciar un invento y conseguir un socio con el que registrar una patente. Naturalmente el socio pagaba los gastos de registro y ponía el dinero para iniciar una empresa, pero los billetes iban al bolsillo de Filek que alargaba el engaño hasta que se descubría el pastel y tenía que cambiar de aires. Uno de sus inventos fue una "soldadura de metales por procedimiento químico" y así figuró por muchos años en el Registro de Propiedad Industrial. Era hombre de discurso fácil, un tipo persuasivo, buen actor y siempre buscaba relacionarse con personajes relevantes. Su apellido germánico, su condición de ex militar y ciertas simpatías fascistas le dieron notoriedad entre los germanófilos y la ultraderecha. 

El engaño de su gasolina mágica lo intenta por primera vez 1935, durante el gobierno de Lerroux, pero le sale mal aunque su invento consigue el registro en la oficina de patentes. Cuando comienza la Guerra Civil, lo intenta de nuevo con el ejecutivo de Largo Caballero, pero aún le sale peor porque se rastrean sus antecedentes y sus amistades y termina detenido y procesado pasando tres años en cárceles republicanas. Allí estableció contactos con personajes relevantes del que resultaría el bando vencedor. Se sabe que conoció a Serrano Suñer, el cuñadísimo del Caudillo, que estuvo preso en la misma galería y esta relación posiblemente la abrió muchas puertas al terminar la contienda. Entonces puso manos a la obra y anunció a sus contactos su fascinante invento haciendo que la noticia llegara discretamente a los oídos del dictador.

La gasolina escaseaba y la poca que llegaba de los americanos, había que pagarla en dólares. Esta sangría se sumaba a las deudas de España con Alemania e Italia por la ayuda recibida durante la Guerra. Franco había decidido que, a falta de divisas, tenía que buscar soluciones de auto abastecimiento y por esa razón presta la máxima atención a nuestro inventor fascinado con la idea de haber hallado la piedra filosofal de los carburantes. A finales de 1939 se publica una ley de protección a la industria nacional creándose un registro de empresas declaradas de interés. Entre las primeras inscritas se encuentra la de Filek. Dos semanas más tarde, se publican unos decretos para expropiar terrenos a su favor donde se levantará la factoría que producirá su gasolina. En enero de 1940, el BOE anunciaba la creación de la Fábrica de Carburante Nacional para producir tres millones de litros al día, cifra muy superior a las necesidades nacionales.

La gran noticia en la prensa nacional

La prensa se hizo eco de inmediato titulando con gran euforia: "Un gran invento nacional" o "Hacia la autarquía en materia de carburantes". La Vanguardia, en su edición de 8 de febrero de 1940, publicó la noticia en primera plana al igual que otros diarios de todo el país. Sin embargo, la prensa francesa que también siguió la noticia, se mostró muy escéptica. Entretanto Filek se las ingenia para retrasar al máximo los análisis de su gasolina que se realizan por fin, en el verano de 1940. Un análisis de una comisión de expertos de la Escuela de Minas descubre que aquel tocomocho carece de todo fundamento científico y que la "filekina", como se bautizó, solo es un mejunje de agua del Jarama con varios vegetales e "ingredientes secretos" (como la fórmula de la Coca Cola) 

¿Cómo pudo prosperar aquel timo? La dictadura estaba gobernada por militarotes ignorantes y en aquella cadena de mando nadie se atrevió a contrariar a Franco. Unos callaron por ignorancia y otros por sumisión. Eran tiempos de fusilamientos y nadie quiso caer en desgracia cuando a la sombra del régimen se podía vivir bien. Una vez descubierto, Filek intentó huir a Argentina a través de Lisboa, pero no lo logró. Cabría suponer que el timador sería castigado con dureza, pero no fue así y Filek nunca fue a juicio, porque habría resultado evidente el burdo engaño y la chapucera actuación del gobierno, con el Caudillo a la cabeza. Después del entusiasmo inicial de la prensa, llegó la censura y el silencio. Ya no se habló más de Filek y su nombre solo aparece en los informes de las instituciones penitenciarias, por los que se sabe que pasó una larga temporada en la prisión de Nanclares. Al final de la II Guerra Mundial, fue entregado a las fuerzas aliadas y acabó recluido en un campo de refugiados en Hamburgo donde vivió hasta su fallecimiento en 1952.

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